La seducción del juego

Febrero 9, 2009 · Imprimir este artículo

Lotería, apuestas, casinos, tragamonedas, ruletas, hipódromos etc. Todas ellas apuntan a ganar dinero en abundancia y rápido (esto se llama codicia); para lo cual los jugadores ponen en riesgo algo de valor, lo entregan todo y hasta ellos, con toda su esperanza y su fé se entregan a “La fortuna” (azar). La práctica “juego de azar” produce una adicción incurable. En USA el número de jugadores es más grande que el número de alcohólicos. Gente de toda esfera socio económica lo va perdido todo: familia, negocios, bienes, trabajos, etc. Y siguen creyendo que “La Fortuna” les sonreirá algún día. Además de ésto, las casas de juego traen males colaterales tales como consumo de drogas, prostitución, alcoholismo, delincuencia, crimen organizado, enfermedades físicas y mentales, brujerías, satanismo, etc.

¿Qué han hecho las iglesias sobre el tema?

En mi opinión “Nada” o casi nada; más nos han ocupado, los temas de política, legislación contra el aborto, ayuda social, educación secular, etc. Es muy fácil darnos cuenta que en el área donde vivimos han crecido más los males mencionados que la influencia de las iglesias trayendo salud espiritual a esta sociedad enferma. Les animo a tomar bandera en la predicación y enseñanza contra los juegos de azar. Para mí fue muy decepcionante mirar aquí en California algunos creyentes, miembros distinguidos de las iglesias jugando Lotería. Tuve que empezar a enseñar, el porqué los creyentes no lo debemos hacer:

¿Porque el juego de azar es pecado?

En el fondo el juego de azar es una religión donde creyentes de enorme fe, ponen su confianza en este sistema perverso que les ofrece grandes ganancias por una vía rápida, a cambio de entregarse con todo lo que poseen. Varios pecados confluyen en esta actividad maligna.

1. Porque es idolatría: Sinónimos de Azar son las palabras, suerte, fortuna, casualidad etc. Dios castiga a su pueblo por cometer este pecado:
“Pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que ponéis mesa para la Fortuna y suministráis libación para el Destino; yo también os destinaré a la espada y todos vosotros os arrodillareis al degolladero, por cuanto llamé y no respondisteis; hable y no oísteis, si no que hiciste lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada.” Isaías 65.11,12.
Las palabras “Fortuna” y “Destino” están escritas con mayúscula porque eran nombres propios
de dioses paganos. Cuando vamos a jugar, nuestra esperanza se aparta de Dios y la ponemos en ese demonio llamado “Fortuna”. Quebrantando el mandamiento “No tendrás dioses ajenos. delante de mí.” Ese dios pagano, actualmente tiene sus santuarios. Cada casa de juegos y apuestas es un santuario de la “Fortuna”.

2. Porque es codicia o avaricia que en el fondo también es idolatría, según dice el apóstol Pablo: Colosenses 3.5 y Efesios 5.5. Refiriéndose al amor obsesivo al dinero, el Señor Jesucristo también dijo: “Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Mateo 6.24 (Lucas 16.13). La palabra “riquezas” en este pasaje se traduce del griego “mamonas”, algunas versiones españolas lo traducen como Mamón quien a su vez, ha personificado una deidad mítica, símbolo de “Abundancia deshonesta”. Entonces: ¿Servirás al Dios verdadero o a Mamón?…

3. Porque es un desprecio a Dios y a sus promesas. Uno de los nombres de Dios es Jehová Jireh Que significa que Jehová es Proveedor. El rey David dijo: “Jehová es mi pastor; nada me faltara.” Salmos 23.1, “…probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramare sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.” Malaquías 3.1 ¿Cómo dejar al Dios vivo y verdadero, y suplantarlo por el incierto azar? Cuando un creyente busca logros financieros en los juegos de azar, está dejando a un lado al Dios verdadero y su palabra infalible; y su fe y su esperanza reposan en un sistema engañoso, donde los únicos que ganan al final del día son los dueños de estos antros de tinieblas. Como diciendo a Dios: Eres mentiroso, no creo en tu palabra, hay algo mejor para mí.

4. Porque quien malgasta lo que Dios le ha confiado está demostrando irresponsabilidad como administrador de los recursos de Dios, por lo cual Dios juzgará. “Siervo malo y negligente,…Debías haber dado mi dinero a los banqueros y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dodo y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que no tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Mateo 25.26-30. Si bien es cierto esto es una parábola, el contexto de la Biblia deja bien definido la verdad sobre la propiedad divina y la administración del hombre para la gloria de Dios.

5. Porque violenta la ley de Dios referente al trabajo como medio del sustento y el progreso. Dios estableció el trabajo como una bendición a favor del hombre. El jugador acaba por abandonar el trabajo y se vuelve irresponsable. “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, si no entreteniéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”. 2 Tesalonicenses 3.10-12.

6. Porque es un inmoral. (“No hurtaras”). Éxodo 20.15. Por cada jugador que gana, quedan atrás millones de jugadores que pierden. Las personas que mayoritariamente caen bajo la seducción del juego son los ancianos, jóvenes irresponsables, gente con muy poca educación, la clase trabajadora. La explotación de esta débil capa social viene por parte de un accionar mercantilista que trafica inmoralmente y abusa de los débiles, amasando a si verdaderas fortunas.

7. Porque daña y destruye la familia, cuando la práctica de este pecado crea adicción, las personas de su entorno familiar sufren las consecuencias. Si, con la pérdida del dinero, las propiedades el endeudamiento, la familia cae en el descrédito, la vergüenza, la impotencia, la frustración etc.
“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo” 1 Timoteo 5.8

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