La Pobreza
Octubre 18, 2008 · Imprimir este artículo
¿Qué es la pobreza?
Es muy difícil definir la pobreza de forma única, pues su concepto varía de un país a otro. Sin embargo, para entender este fenómeno, vamos a tomar la clasificación que los entendidos en la materia utilizan para ubicar a las personas en los grupos de no pobre, pobres y extrema pobreza.
- Pobres. Aquellas familias que no ganan lo suficiente para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias.
- Pobres en extremo. A este grupo pertenecen aquellas familias que ni siquiera ganan lo suficiente para satisfacer sus necesidades alimentarias.
El gobierno peruano, usando las estadísticas del INEI, nos informa que en el último año, tanto la pobreza como la extrema pobreza, ha disminuido. En el 2006 el 44.5% de la población estaba viviendo en la pobreza y pobreza extrema. Para el 2007 esto se redujo al 39.3%. Si esto es cierto, deberíamos alegrarnos y orar para que no se detenga este proceso.
¿Quiénes son culpables de la pobreza?
- Los gobernantes. Hoy (set. 23-08) escuché parte del discurso del presidente Lula da Silva en la ONU, invocaba a los demás gobernantes a seguir trabajando para erradicar la pobreza y sus secuelas en el mundo. Gracias a Dios que en algunos de ellos, se puede apreciar una conciencia de culpa por las horribles situaciones de pobreza. Sí, ellos son culpables de la pobreza nacional y mundial.
- Los individuos, como tú y yo, somos culpables de la pobreza familiar y de engendrar y agigantar ese monstruo. Y, a menos que no tomemos el camino de retorno a Dios y su palabra, no veremos solución. “Por cuanto no serviste a Jehová con alegría y con gozo de Corazón… Servirás por tanto a tus enemigos que enviara Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez y con falta de todas las cosas…” Deut. 28.47-48.
¿Podemos salir de la pobreza?
¡Claro que sí! El primer paso y fundamental es salir de la impiedad y volver en arrepentimiento al seno de Dios a través de Jesucristo “… que por amor de vosotros se hizo pobre siendo rico para que vosotros en su pobreza fueseis enriquecidos.” 2 Cor. 8.9. Nuestro primer éxito será salir de la pobreza espiritual, derrotando el pecado y sus nefastas consecuencias. Dios nos hizo ricos; nosotros decidimos ser pobres.
El rey David dijo respecto a los privilegios del hombre: “Le has hecho poco menor de los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies; ovejas, bueyes y todo ello, y así mismo las bestias del campo, las aves de los cielos, los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar”. Sal. 8.5-8.
Entonces ¿qué paso? El pecado, caímos en pecado, dimos la espalda a Dios y abandonamos la forma de vida que él nos diseñó; creyendo ser sabios nos hicimos inútiles. Es tiempo de venir a Dios. “Venid luego, dice Jehová y estemos a cuenta: Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”. Isa. 1.18-19.
Consejos prácticos para dejar la pobreza.
- Trabajar, trabajar. Muchos de los signos de la pobreza se solucionan con mano de obra. …Pero, ¡no hay trabajo! … Mentira, hay demasiado trabajo, el problema es que muchos asocian el trabajo con dinero, entonces, si no hay dinero no hay trabajo… No, no trabajes por dinero; trabaja por obediencia a Dios, trabaja por respeto, trabaja por dignidad; no vivas sin trabajar. El dinero llegará por consecuencia, un buen trabajador genera dinero, ningún patrón quiere deshacerse de un buen trabajador.
“Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano para dormir; así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado.” Prov. 24.33-34.
“El que labra su tierra se saciará de pan; mas, el que sigue a los ociosos se llenara de pobreza.” Prov. 28.19.
Necesitamos crear una cultura de trabajo, aun desde los niños, cuyo trabajo es aprender en la escuela y en la casa, y deben hacerlo bien. Hace tres años tuve oportunidad de visitar Japón, vi el esplendor de esa potencia, que se levantó de las cenizas; después de la Segunda Guerra Mundial quedó el pequeño país en ruinas por los efectos de bombas atómicas soltadas una en la ciudad de Hiroshima y otra en Nagasaki; vivo por ahora en otra potencia económica (USA), y me doy cuenta de que el factor común del desarrollo y riqueza de estas dos potencias es el TRABAJO. - Practicar la generosidad. Por lo general existe una actitud de mendicidad que hay que revertir. El presidente Alan García en su discurso del 28 de julio pidió al pueblo “una reforma del espíritu”, y eso es lo que debe producirse. Muchas instituciones, así como personas, creen que han hecho una gestión digna de aplausos cuando han conseguido donaciones; eso es tener corazón de mendigo. La actitud del creyente verdadero debe ser lo inverso; dijo el Señor Jesús “Dad y se os dará”, “Más bienaventurado es dar que recibir”. Recuerdo que en la crisis de los noventa, muchas iglesias abrieron comedores populares, pero con alimentos que el Gobierno y otras instituciones extranjeras les donaban. Me negué en aquel entonces a someter a la iglesia a una falsa acción social por ese medio, y les rogué compartir sus escasos alimentos con los pobres de la comunidad, y lo hacían, y éramos muy felices; además, repartíamos hasta 400 desayunos los domingos para los niños con fondos de la iglesia. Esa fue una total acción social que parte de un corazón que lo da, en vez de recibir. Dios bendijo la iglesia y en mis 14 años de ministerio en ella, no tuvimos problemas con el presupuesto. Dios bendijo, lo mismo que nos puede bendecir ahora.
La iglesia de Macedonia fue alabada por esa actitud de generosidad “… que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riqueza de su generosidad.” 2 Cor. 8.2. ¡Si! ¡Bendito sea Dios! Eran pobres, pero, estaban ofrendando para la causa misionera.







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