Entendiendo la Gran Comisión
Abril 26, 2009 · Imprimir este artículo
Perdemos una enorme riqueza teológica y espiritual cuando tenemos un entendimiento incompleto y erróneo de la gran comisión. En esta parte, pretendo retornar al idioma y a la circunstancia histórica para extraer la belleza de su contenido.
“Y Jesús se acerco y les hablo diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Por tanto, id, y HACED discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (Mateo 28. 18-20).
Todo esfuerzo misionero, en su intento de sembrar iglesias vibrantes y reproductoras, debe partir del fundamento y del ejemplo bíblico; ya que la tarea es inmensamente difícil, necesitamos construir nuestro ministerio basándonos sólidamente en la palabra de Dios. Sobre la gran comisión se hace, por eso, necesario entender:
Primero: que parte de la autoridad de Cristo
Creo que es un gran error empezar en el versículo 19 porque desliga el vínculo existente entre la comisión y la autoridad del que lo expresa: Jesús vivo, resucitado con poder y gloria, con autoridad y dominio sobre todo lo creado, ante quien “… toda rodilla se doblará de los que están en el cielo y en la tierra, y debajo de ella; cuya majestad será honrada por sus seguidores y cuyos planes serán continuados a partir de donde él lo estaba dejando”.
Ese vínculo entre Jesús y la comisión lo demuestra la conjunción “por tanto” (“por consiguiente”, “por lo cual”, “en vista de lo cual”, etc.). Id y haced discípulos. Jamás debe olvidársenos la procedencia del supremo mandato. Salió de la voz creadora del Señor de señores y soberano Rey.
Segundo: ¿cuál es el imperativo?
Hay cuatro verbos principales que componen la comisión: Id, haced, bautizándolos y enseñándoles. De éstos, el único que están en modo imperativo es: haced discípulos. Los demás están en gerundio. En el griego, los verbos id, bautizándolos y enseñándoles son verbos auxiliares, son participios. De tal modo que el gran mandamiento en síntesis es “haced discípulos”.
Tercero: “id” ¿imperativo?
La traducción correcta es ‘yendo’, lo cual demuestra que la acción está en proceso, que el señor Jesucristo cuenta con su iglesia “yendo” por el mundo, por tanto no tiene sentido que Cristo dé una orden de algo que ya está en ejecucion. Durante los tres últimos años, el maestro estuvo yendo con sus discípulos por Galilea, Samaria y Judea; no estuvieron restringidos a las limitaciones de un edificio localizado. El entrenamiento que los discípulos recibieron incluía la mentalización de ir —que ellos aprendieron con la práctica—; si bien es cierto que lo hicieron dentro de una circunscripción limitada, ahora el plan del Señor demandaba ir al resto del mundo. Eso no tenía que repetirlo como imperativo.
Cuarto: “haced discípulos”
Actualmente nos cuesta esfuerzo entender qué significa la palabra “discípulo”; no era así en el primer siglo, todos sabían que “discípulos” eran individuos que seguían a alguien, la persona que seguía se llamaba mathetes en el idioma griego, y la persona a quien se seguía se llamaba didaskalos, que traducido al epañol es ‘discípulo’ y ‘maestro’.
La historia nos informa que Aristóteles, discípulo de Platón, fundó su propia escuela en Atenas en el año 335 a. C. La llamó Liceo; allí daba clases a sus discípulos, a quienes se les apodó “peripatéticos” porque recibían clases alrededor de los jardines y el paseo que rodeaba el edificio de la escuela. Los niños griegos no tenían aulas, sus maestros estaba en los huertos, los maestros caminaban mientras enseñaban; los alumnos lo seguían, imitando incluso sus gestos; al pasar el tiempo aprendían algo que más tarde se reflejaría en su conducta. En la cultura griega discipulado significaba ‘seguir’, ‘imitar’, ‘aprender’. Juan, el bautista, tenía sus discípulos; los fariseos tenían sus discípulos. Éste era el método por excelencia en el proceso de enseñanza-aprendizaje que Jesucristo utilizó. Mediante este método, los maestros trasmitían su pensamiento, su carácter, sus conocimientos, con el acuerdo implícito de que ellos lo aplicarían a sus propias vidas, y luego lo pasarían a otros.
¿Qué es un discípulo cristiano? Un discípulo es una persona que tiene una relación personal y continua con Jesucristo, consagrado a su servicio y sujeto a su autoridad; y que comparte con otros lo aprendido. Por tanto, La discipulación no es un curso, no es un programa, no es la individualización de la enseñanza doctrinal, no es un plan de crecimiento, no es una estrategia de mercadeo, no es la imitación de un modelo de iglesia, no es la segmentación de la iglesia para competir, no es la ocurrencia estilizada del líder, etc. La discipulación es el método por excelencia que el gran maestro escogió para llevar el evangelio de salvación a todas las naciones, es el método con el que se saturó al mundo mediterráneo del primer siglo y transformó al imperio romano. Es por eso que la discipulación es el método al que tenemos que retornar para cumplir la comisión de un modo efectivo.







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