El derecho de propiedad
Enero 19, 2009 · Imprimir este artículo
Existe principios, valores y paradigmas. Los principios (normas o reglas) son los fundamentos que Dios ha determinado para nuestra vida; por lo tanto, a éstos se obedece o se desobedece; la violación de éstos acarrea la mayoría de nuestros problemas financieros. Los valores aluden a la importancia que el ser humano da a lo que tiene relación con él. Paradigma es la percepción que se tiene de la realidad. Los cristianos necesitamos modificar nuestro cuadro de valores y renunciar a muchos paradigmas referidos a las finanzas, y así retornar a los principios bíblicos.
Principio de propiedad: todo de Dios
Dios es dueño absoluto de todo: ¡todo es de Dios, nada es nuestro! “Porque mía es toda bestia del bosque, los millares de animales en los collados. Conozco todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Mío es el mundo y su plenitud.” Salmos 50:10-12. Los ilustres hombres de Dios siempre así lo reconocieron: David proclamó: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová es el reino y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.” 1 Crónicas 29:11-14. Aun nosotros, somos suyos doblemente: por creación y por redención. “…No sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio”. 1 Cor. 6:19-20. Jamás encontraremos en la Biblia que Dios haya transferido su derecho de propiedad a ningún ser humano.
El hombre respecto a la propiedad: simple administrador (mayordomo)
¡Nada es nuestro! Sin embargo tenemos la posesión de todo. Recordemos: ¡sólo posesión!, ¡no propiedad! Si este principio fuera real en nuestras vidas, seríamos más felices y poseeríamos mucho más. El rey David dijo: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿qué es el hombre para que tengas de él memoria, y para que el hijo del hombre lo visite?… Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”. Salmos 8. “Por tanto se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel.” 1 Corintios 4:2.
He perdido mi casa por la crisis actual
Muchos hermanos aquí en EE. UU. han perdido “sus” casas (un millón al año) a causa de la terrible crisis financiera y de su impacto en el mercado hipotecario. Hay muchas iglesias que oran para mitigar el sufrimiento que esto causa; algunos que no son creyentes han llegado al suicidio familiar aquí en Los Ángeles (California). Esa aflicción les llega porque no están aplicando en sus vidas el principio divino respecto a la propiedad. Un día le dijeron a John Wesley que su casa se había quemado, el respondió: “La casa del Señor se quemó: una responsabilidad menos para mí”. Hermano, si algún día pierdes algo, por favor no llores: has perdido nada, nunca fue tuyo. “Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que compren…, como si no poseyesen”. 1 Corintios 7:29-30.
Títulos de propiedad
¿Y si tengo títulos de propiedad? Bueno, pero ésos son provenientes de la ley local; esos documentos de propiedad solo tienen valor local; si fueras a otro país, con otra leyes sobre la propiedad, tal vez lo que tengas por “tuyo” no lo sea. La sociedad, con el propósito de evitar el abuso, la usurpación, la apropiación ilícita motivada por la codicia, ha creado leyes que permiten a los habitantes tener el derecho legal de propiedad, válido sólo ante la autoridad terrenal y local. Pero en el ámbito de los propósitos de Dios y la autoridad universal, es como la expresó Job: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” Job 1:21. Cuando te adueñas de las posesiones estás cometiendo el pecado de apropiación ilícita (“no robarás”).
Contrato de Dios con el hombre
El Señor permite al hombre señorear la creación, dándole libertad para poner en ejercicio su capacidad. Básicamente el contrato tiene dos puntos sustanciales:
- El hombre debería administrar todo lo que está a su alcance para la gloria de Dios: “Porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén”. Romanos 11:36.
- El hombre podría usufructuar el 90% de la producción y Dios recibiría el 10%. No porque Dios lo necesite, sino porque el hombre tendría un instrumento con el cual medir su fidelidad administrativa.
Acumulación de riquezas
Es la característica de este tiempo, es lo que enseña el sistema mundano humanista, el cual coloca al hombre en el trono de la egolatría, haciéndole creer que lo merece todo, y así se olvida de Dios. Todo lo desea, todo lo usurpa, todo lo acumula, y finalmente cae preso de su propia codicia. Si algún día hemos de tener éxito en las finanzas, será porque los fundamentos de manejo provengan de la palabra de Dios, dando al hombre lo que es del hombre y a Dios lo que es de Dios. Dijo el Señor: “…Hijos, ¡cuán difícil les es entrar al reino de Dios a los que confían en las riquezas! Mas fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de Dios”. Marcos 10:24-25.
No es malo ser rico, cuando por razón de su fidelidad, Dios se lo concede: “Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, le da también la facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios”. Eclesiastés 5:19.








Gracias pastor realmente muy bendecidad al leer el derecho de la propiedad. Cuanto se extraña siervos preparados que nos enseñen la palabra de verdad.
Gracias Nati por leer este artículo. Dios bendiga tu vida y tu familia. Si conoces alguien que necesite leer esto, favor de referirlo.
Me estimula seguir escribiendo cada vez que hay un comentario dejandome saber que lo leido le ha sido útil. Saludos a tu recordada familia.