Cuándo la riqueza no es mala

Junio 2, 2009 · Imprimir este artículo

Creo que si no fuera pastor, me hubiera gustador ser millonario ¿Y a ti?… ¡Claro que sí! ¡Admítelo! Alguna vez en la vida la idea de ser rico te ha pasado por la cabeza, no te avergüences, … quizá lo logres. Me gustaría verlos ricos, a mi familia y a mis hermanos en la fe. La pregunta clave es. ¿Para qué? Si logramos determinar con verdad el propósito, quizá encontremos el camino a la riqueza.

Aclaro de antemano que, para los verdaderos hijos de Dios, de ninguna manera la acumulación de riqueza debe ser un fin.

¿Cuándo la riqueza es buena?

  1. Cuando ésta proviene de Dios. Dijo el Rey David: “Tuya es, oh, Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh, Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria provienen de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y dar poder a todos” (1 Crónicas 29.11-12).
  2. Cuando ésta cumple propósitos divinos. Leemos en el siguiente pasaje  “…a fin de confirmar su pacto…” Para  el pueblo hebreo había una razón por la cual él los bendecía.  Y era  por razón de él y su palabra empeñada, mas no por los méritos del pueblo. “Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día” (Deuteronomio 8.18).

Es probable que Dios mire a sus siervos fieles involucrados en “los negocios del Rey”  con ojos benevolentes y los rodee de recursos para realizar su obra. Pero el Señor se reserva el derecho de negar esta bendición cuando exista propósitos egoístas.

Algunos toman los atajos para enriquecerse y corren contra Dios

Saliéndose de la voluntad de Dios, algunos han emprendido la carrera de enriquecerse tomando caminos que lindan con la justicia divina y con la ley terrenal: las consecuencias son funestas. Por ejemplo, el financista Bernard Madoff, un hombre de 70 años de edad, ex director de Nasdaq. En este momento, el noticiero de CNN está hablando de él, dice, que esta mañana  se  presentó ante el juez en una corte federal de Manhattan y se declaró culpable de 11 cargos criminales, entre los cuales estaban: estafa, lavado de dinero, falsos comunicados a los inversionistas, entrega de información falsa al gobierno, etc.;  él reconoció haberlos cometido. El juez le preguntó si entendía que le podía costar  hasta 150 años de prisión, él respondió que estaba consciente y que lamentaba lo ocurrido.  ¿Por qué hizo aquello?  ¡Porque tomó el atajo!  enprendió el camino al éxito financiero usando el método fraudulento de los esquemas Ponzi (o piramidal), mediante el cual ofrecía ingentes ganancias a los que le confiaban sus inversiones, las que jamás puso en marcha, las guardó y llegó al punto de  necesitar más inversionistas para alegrar a los primeros que le confiaron su dinero, y luego todo se le salió de control. Y así llegó a cometer la estafa más grande en la historia de Wall Street. El monto de la estafa es de 64800 millones de dólares (para que tengamos una idea, la deuda externa del Perú es alrededor de 30000 millones). Sus clientes personales e institucionales de Asia, América y de Europa perdieron el capital invertido y las ganancias prometidas. ¡Por favor! ¡¿De qué valió?! Hoy pasó de su departamento que valía 7 millones de dólares, en donde estaba recibiendo arresto domiciliario, a una fría celda de una cárcel federal. ¡Ten cuidado, los atajos son peligrosos!

Los peligros a que se expone el rico

Los hombres más sabios del mundo sucumbieron ante la acumulación de riqueza. Sólo en muy contados casos, la historia nos narra que se sobrepusieron al peligro que representa la riqueza. Los peligros más frecuentes para el cristiano son:

  1. El olvido de Dios. A este fenómeno lo he visto repetirse con gran frecuencia en los hermanos: en la medida en que se enriquecen, van dejando los caminos de Dios. Jehová advirtió a su pueblo: “…Y que tus vacas y tus ovejas aumenten, y la plata y el oro se multipliquen, y todo lo que tuvieres  aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de Egipto, de una casa de servidumbre”(Deuteronomio 8.18).
  2. Exacerbación de la codicia. Generalmente los que van tras la riqueza tienen una meta; cuando la alcanzan, se dan cuenta de que no es suficiente y se trazan otra meta, convirtiendo el proceso en una repetición que jamás satisface; eso es codicia, eso es pecado. “…Si aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas” (Salmos 62.10).
  3. Arriesga su integridad. Generalmente, se recurre al apresuramiento para lograr la riqueza, y para ello se cae en la mentira, el engaño, la apropiación ilícita, la ilegalidad, etc. Pronto el creyente se volverá inmoral. “El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones; mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa”(Proverbios 28.20).
  4. Dificulta su participación en el reino de Dios. Dijo el señor Jesucristo: “…De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos” (Mateo 19.23).  Y no precisamente porque sea rico, sino porque prioriza sus intereses materiales a los espirituales.
  5. La incapacidad de llevar frutos espirituales. “Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Marcos. 4.19)
  6. Sometimiento a poderosas tentaciones. “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición. (1 Timoteo 6.9)

El rey David, un rico ejemplo

Consagrados hombres de Dios fueron ricos y lograron poner las riquezas en el plano correcto, de modo que la riqueza estuvo subordinada a Dios y a sus propósitos.   Por ejemplo del rey David se nos dice:

“1  Después dijo el rey David a toda la asamblea: ‘Solamente a Salomón, mi hijo, ha elegido Dios; él es joven y tierno de edad, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios.
2  Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; piedras de ónice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia.
3  Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de Dios:
4  Tres mil talentos de oro (un talento  equivale a 34 kilogramos), de ofir, siete mil talentos de plata refinada para cubrir las paredes de las casas;
5   Oro, pues, para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para la obra de la mano de los artífices.  ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?
6   Entonces los jefes de familia, y los príncipes de las tribus de Israel, jefes de millares y de centenas, con los administradores de la hacienda del rey, ofrecieron voluntariamente.
7   Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos y diez mil dracmas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cinco mil talentos de hierro.
8   Y todo el que tenía piedras preciosas, las dio para el tesoro de la casa de Jehová, en manon de Jehiel Gersonita.
9   Y  se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón se lo ofrecieron a Jehová.’  (1Crónicas 29).”

Si piensas ser rico algún día, será mejor que empieces por prepararte, manteniendo una vida de absoluta consagración a Dios, para que tus propósitos obedezcan solamente a su voluntad soberana.

Comentarios

Tiene algo qué decir?